Hay que estar atento a las señales.
Dentro o fuera del Camino hay flechas que indican que dirección tomar, hay que estar atento, porque esas señales no hablan con palabras: Son actitudes, miradas y gestos que pueden decirte mucho, incluso, decirte todo sobre algo o alguien.
No importa si nuestro Camino, de momento, no es la Ruta Jacobea. Sea el camino que sea donde nos encontramos, es necesario prestar atención a todo lo que pasa alrededor y estar preparados para tomar la decisión en el momento exacto.
Hay Caminos y personas más duras y podemos elegir caminar por este terreno o estar acompañado por determinadas personas. Hay que saber distinguir el joio del trigo, hay que saber esperar la lluvia pasar para poder seguir adelante. Hay que saber con quién y porque andamos ya que el camino es largo y tú necesitarás encontrar personas de valor que hagan por ti lo que tú lo harías por ellas.
En el Camino, o mismo, en el alma del Camino (que hace que los peregrinos se encuentren en cualquier ciudad, provincia o país), hay personas con las que puedes contar siempre. Hay personas que a la primera te parecen muy sensibles para la dureza del Camino, algunas con demasiados problemas para ser solucionados mientras caminan, otras que están a miles de quilómetros, o mismo del otro lado del océano que tienen su corazón atrapado por Santiago… Son personas que el Camino hace que encontremos, porque el Camino es una gran cadena donde nosotros somos los aros que, entrelazados, no dejaremos la leyenda jacobea morir.
Muchas veces en nuestras vidas no prestamos demasiada atención al mensaje que nos trae un hilo que está ligado a “algo mayor” que unos llaman de intuición, otros de destino y otros de Dios (sea el nombre que sea para definirlo). Dar atención a las señales significa disminuir nuestros momentos de dolor y tristeza.
En el Camino de Santiago, no dar atención a las señales de la ruta o a las señales del cuerpo, significa, caminar mucho más para tener que volver a encontrarse y castigarse a uno mismo sin necesidad.
En la vida hay que caminar despacio. Dejando atrás el punto de inicio. Mirando para frente, buscando el Camino, aprovechar el paisaje, captar la energía buena qué fluye y mirar para tu lado, dando atención a quién camina junto a ti.
El Camino es como la propia vida.
